- Si tuviera las patas de una araña, cosería un cielo donde las estrellas se alinearan.
Los colchones estarían bien atados a los remolques, y los cuerpos nunca chocarían contra los parabrisas.
La luna se alzaría sobre un mar de color vino y sólo entregaría bebés a doncellas y músicos que hubieran rezado mucho durante muchos años.
Las chicas perdidas no necesitarían brújulas, ni mapas; encontrarían caminos de jengibre que las guiarían por el bosque hasta llegar a casa.*
Nunca dormirían en cajas plateadas con sabánas de terciopelo blanco, no hasta que fueran abuelas arrugadas dispuestas a emprender el viaje.*
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